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El Periodismo como vigilante: la claridad narrativa frente al poder

EDITORIAL

El Periodismo como vigilante: la claridad narrativa frente al poder

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El ejercicio del periodismo se define, desde sus orígenes, por su función de vigilancia una actividad que la ciudadanía demanda para supervisar el desempeño de los poderes políticos, económicos y sociales. Esta labor institucional es fundamental para evitar que las democracias se encaminen hacia el colapso, actuando como un contrapoder que confronta y resiste las influencias de los círculos dominantes. No obstante, para que esta vigilancia sea efectiva, la narración periodística debe priorizar la claridad, ya que la principal misión del comunicador es traducir la información de un lenguaje culto o técnico a uno medio o común que sea accesible para toda la comunidad.

La importancia de la claridad en la comprensión social  es la herramienta diaria del periodista  – es su idioma, y su dominio en planos como la sintaxis y la semántica es lo que permite que el mensaje sea captado y asumido por el perceptor. El uso de un lenguaje sencillo y correcto no solo es una exigencia profesional, sino un deber ético para evitar ruidos innecesarios o barreras gramaticales que desvirtúen la sustancia del mensaje. Cuando la narración es oscura o emplea tecnicismos excesivos, el lector pierde el interés, lo que anula la función pedagógica y orientadora de la prensa, por el contrario, una narración brillante y con capacidad de síntesis permite que el público evalúe inteligentemente los intereses y circunstancias que rodean a cada noticia.

El periodista como vigilante del poder

El rol del periodista como fiscalizador implica un compromiso ineludible con la búsqueda desinteresada de la verdad, manteniéndose distante de las estrategias de seducción o presión que despliegan los gabinetes de comunicación y los “spin doctors”, en la actualidad este papel es más crítico que nunca ante el auge de la desinformación y las “fake news”, las cuales buscan distorsionar la realidad para influir deliberadamente en la opinión pública.

El profesional de la información debe ser capaz de desentrañar los hechos ocultos detrás de las versiones oficiales y denunciar cualquier forma de corrupción o abuso de poder que atente contra el bien común. Esta vigilancia exige que el periodista no sea un simple transmisor de mensajes ajenos, sino un investigador sagaz que contextualice la información para proteger a la ciudadanía de las trampas dialécticas de los poderosos. Independencia frente a las presiones económicas y políticas La independencia periodística se ve amenazada constantemente por la mercantilización de la información y la concentración de medios en pocas manos, lo que puede supeditar el interés público al beneficio empresarial. Por ello, el periodismo genuino debe emerger de la propia sociedad para denunciar la pasividad y el estatismo, conduciendo a la comunidad hacia una democracia más profunda y participativa. Solo a través de una narración honesta, veraz y transparente, el periodista puede cumplir con su responsabilidad social de ser la conciencia crítica de su tiempo.

En resumen, la tarea clarificadora del periodismo es imprescindible en un mundo saturado de datos interesados. El periodista actúa como el “guardián entre el centeno”, que observa desde el precipicio y cuenta lo que alcanza a ver para avisar a los ciudadanos distraídos antes de que caigan al abismo de la manipulación o el autoritarismo.

 

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