Editorial: Vladimir Cerrón fracasó como gobernador regional de Junín y ahora como partido nacional
Vladimir Cerrón es responsable político del desastre nacional con un gobierno fallido
El país ha sido testigo de uno de los capítulos más lamentables de su historia reciente. Tras la vacancia de Dina Boluarte Zegarra —quien asumió la presidencia tras el fallido intento golpista de Pedro Castillo—, Vladimir Cerrón, fundador del partido Perú Libre, intenta hoy lavarse las manos como Poncio Pilatos, desligándose de toda responsabilidad política y moral por la crisis institucional, la violencia y la descomposición del Estado que hoy enfrenta el Perú.
Aunque Cerrón no pudo postular directamente a la presidencia debido a una sentencia judicial en su contra, su figura fue clave en la fórmula presidencial 2021-2026 junto a Castillo y Boluarte. Hoy, tanto Castillo como Boluarte han dejado el poder en medio del descrédito, la represión y la ilegitimidad. Uno, encarcelado por quebrar el orden constitucional; la otra, repudiada por un gobierno sin norte, marcado por la permisividad frente al crimen organizado y la muerte de más de cincuenta ciudadanos durante las protestas sociales.
Perú Libre: de la promesa de cambio a la complicidad con el poder de siempre
Lejos de representar un cambio verdadero, Perú Libre se convirtió en una plataforma para reciclar viejas prácticas clientelistas, populistas y autoritarias. Lo que prometía ser un movimiento de transformación, terminó siendo un engranaje más del sistema político que le da la espalda al pueblo. Cerrón y su partido cogobernaron con quienes decía combatir, validando pactos y alianzas que traicionaron a sus electores.
La realidad no miente: Perú Libre fracasó como proyecto político nacional. Y su máximo dirigente, hoy prófugo de la justicia, no solo evade los tribunales, sino también la responsabilidad histórica por el caos político y social al que ha contribuido desde la sombra del poder.
Fracasó en Junín y repitió el mismo patrón a nivel nacional
Los antecedentes no eran prometedores. Como gobernador regional de Junín, Vladimir Cerrón acumuló denuncias, ineficiencias y una gestión marcada por la improvisación y el autoritarismo. Su mandato regional fue una advertencia de lo que vendría después: un modelo político basado en el caudillismo, la polarización y el desprecio por las instituciones democráticas.
Hoy, con el país sumido en una crisis profunda, Cerrón representa no solo un fracaso personal, sino un símbolo del desencanto ciudadano con los falsos profetas del cambio. Ni él, ni Perú Libre, estuvieron jamás preparados para gobernar. Y el costo de esa irresponsabilidad lo paga el pueblo.

